ASÍ COMIENZA EL ESPACIO / THUS SPACE BEGINS
OBRA EN PROCESO / WORK IN PROCESS

El río me arrebata y soy ese río
de una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo
Acaso el manantial está en mi
Acaso de mi sombra
surgen, fatales e ilusorios, los días.

J.L. Borges

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Quillagua, concebido desde tiempos remotos como un oasis en el desierto más árido del mundo, ha devenido en la última década, el pueblo más seco del planeta, luego de que el Río Loa que atravesaba su territorio, viera interrumpido su cauce, debido a la contaminación y extracción de agua, producida por la práctica histórica y sistemática de la minería. En algunas zonas sólo queda su huella, el surco vacío de sus líneas en medio de la pampa.

Este trabajo surge a partir de acciones, material audiovisual y fotográfico, que remiten a reflexiones sobre la importancia del espacio — principalmente el río, como ese espacio— en la existencia de los habitantes. El río, como figura retórica, es comprendido acá como lo que dota a la existencia de su condición de impermanencia —el río como lo que fluye y en tanto fluye nunca es el mismo — y la sequedad —el agotamiento del agua por explotación— plantear la pregunta sobre el “estancamiento” o sobre qué es una corporalidad en resistencia, en un territorio que precisamente se resiste a ser habitado.

La obra se compone de una instalación de dos videos reproducidos simultáneamente, una fotografía y texto:
El río me arrabata es el registro en una toma fija, reproducida en loop, de un cuerpo con ropas de trabajo que camina y corre circularmente hasta caer por agotamiento—desde y hacia sus propios límites— alrededor de un cráter ubicado a escasos metros de la zona urbana de Quillagua. La tierra, en una acción que se vale de lo inútil y lo frágil, queda marcada, redunda sobre un círculo ya trazado para volver a ser marcado, una y otra vez.

El cráter, agujero circular en la tierra, es un espacio en tensión, al igual que lo son tanto el cuerpo enfrentado a sus límites, como el pueblo de Quillagua que se debate entre la abundancia y la sequía.

Las referencias que se tienen de esta formación geográfica, desde diversas investigaciones científicas y los relatos populares, discuten sobre su origen infraterreno —la formación de antiguos océanos, ahora bajo la tierra— o sobre fenómenos que provinieron del espacio, tanto en términos físicos como sobrenaturales. Estas últimas nociones otorgan sentido a que la zona sea denominada, en la actualidad, como el Valle de meteoritos, y que se reconozcan en el lugar, centros ceremoniales que datan de periodos de tránsito de lo que fuera una antigua ruta protocaravanera.

Recorrer circularmente los límites del cráter con el caminar, es insistir sobre la pregunta de la impermanencia y sobre las consecuencias de que la fuente natural y primaria de la existencia de pronto detenga su torrente; es una insistencia que de reiterarse incasablemente —además en su forma circular— resulta un juego sobre lo inútil.

El segundo video, La primera línea en el espacio es un ejercicio de construcción de una apacheta en una habitación de la antigua estación de trenes de Quillagua, clausurada en dictadura y ahora abandonada. La intervención se compone de un video en plano fijo, reproducido en loop, donde el tránsito de la luz, que proviene desde una ventana, incide sobre la apacheta y la recorre hasta dejarla a oscuras.

La apacheta, como edificación primaria del hombre —una línea vertical sobre el horizonte andino, como primera señal del habitar— es concebida hace miles de años por culturas prehispánicas, a partir de un altar circular de piedras apiladas, como un espacio sacralizado, elaborado por el caminante, tanto para marcar el camino, como para delimitar fronteras y señalar el sitio de “unión de los opuestos que deben ser igualados” . Es un sitio de adoración, donde “pedir fuerzas para el camino” . Se han reconocido diversas ofrendas de calzado viejo al costado de éstas, como representación del abandono del cansancio que agobia al caminante. Estas, junto a otras de carácter simbólico, dan cuenta de la creencia del advenimiento de una nueva realidad espacial, luego de la construcción o encuentro con una apacheta.

Ambas obras, exhibidas contiguamente en formato de instalación, comparten el audio del correr del río de Quillagua. Es éste al que remiten, una y otra vez. Una fotografía de la huella del río seco con la frase "mi casa está en el río"* , comparte el espacio expositivo. El río está —incluso como huella probatoria de que ha sido—y es aquél sobre el que Quillagua construye una identidad desde la ausencia.

Así como eventualmente el río deja de fluir, el tren deja de pasar y el cuerpo detiene su andar, la construcción (y oscurecimiento) de una apacheta, el tránsito interminable de un cuerpo alrededor de un cráter (y su caída) y la grafía del río seco (denotando lo que allí hubo), son intervenciones, en relación con el tiempo, de un diálogo simbólico entre opuestos: el fracaso y la utopía.

La obra se plantea como la construcción de ejercicios de reflexión sobre las implicancias y significancias de habitar Quillagua, tomando en consideración la historia de devastación en su territorio.

* ‘Mi casa está en el río’ es una frase enunciada por una niña de 6 años, al dibujar el río, en un taller realizado en la escuela de Quillagua, durante los días de la residencia. El dibujo se compone de líneas azules —el río— y una casa sobre éstas.

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the river carries me, and I am the river.
I was made of delicate substance, mysterious time.
Perhaps the source is within me.
Perhaps the days emerge,
fatal and illusory,
from my shadow.

J.L. Borges.
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Quillagua, conceived since ancient times as an oasis in the desert has become the driest town in the world in the last decade, after that the Loa River, which crossed its territory, had been interrupted due to pollution and water extraction, produced by historical and systematic practice of mining. In some areas only its mark is left, the empty groove lines in the middle of the pampa.

The artist drew actions, audiovisual and photographic material, which refer to reflections on the importance of space in the existence of the inhabitants.

The river, as a figure of speech, is understood as what gives the existence of its condition of impermanence – the flowing river, as it flows and therefore is never the same - the water depletion by exploitation- raises the question about the “stagnation” or what is a physicality in strength, in a territory that just refuses to be inhabited.

And so as the river stops flowing, the train stops coming and the body stops its walking, the construction and the passage of light on a apacheta, the transit of a body around a crater-and its fall- and the traces of the dry river denoting what has been, are exercises in relation to time taking into consideration the history of devastation of the territory, establishing a symbolic dialogue between opposites: the failure and the utopia.

Installation / video / photography / text

        Taller de cartografías, río.